León, Guanajuato.– El ataque de una jauría de perros que dejó 24 muflones muertos ocurrió en uno de los rincones menos visibles del Zoológico de León: un corral ubicado junto al límite que colinda con Barrilla. Ese sector, normalmente fuera del paso de los visitantes y con vigilancia limitada, hoy concentra las preguntas sobre cómo ocurrió la tragedia.

Durante el recorrido por el parque, quedó claro que este fue el único punto con obras emergentes: maquinaria en movimiento, trabajadores reforzando bardas y mallas recién colocadas. Personal del zoológico explicó que el borde conecta con terrenos privados y rutas donde casi no hay monitoreo, un escenario que, combinado con la estructura dañada del corral, facilitó la entrada de la jauría sin oposición.

Los primeros resultados de los peritajes internos aumentaron la preocupación. Directivos del zoológico informaron que existen señales de una posible intervención externa, como tramos de malla forzados o debilitados de manera irregular, lo que sugiere que el perímetro pudo haber sido vulnerado antes del ataque. La Fiscalía estatal ya documentó la zona, aseguró evidencias y analiza cómo se desarrolló la agresión.

 

El caso llega en un momento sensible para el parque, que desde hace meses arrastra críticas por falta de mantenimiento, infraestructura obsoleta y poca inversión en áreas estratégicas. La muerte del rebaño no solo es una pérdida para la colección de fauna, sino también un reflejo de las deficiencias en los límites menos atendidos del zoológico.

 

Mientras avanza la investigación, el corral permanece cerrado y se ha convertido en el símbolo de una vulnerabilidad que pasó desapercibida durante años. Las autoridades del zoológico anunciaron refuerzos inmediatos: nuevas mallas, cámaras de vigilancia en puntos críticos y patrullaje nocturno ampliado. Sin embargo, la tragedia ya puso en entredicho la seguridad del parque y dejó al descubierto los riesgos de sus zonas traseras.

 

Fotografías:Gustavo Carretera LSR